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MUCHO MAS QUE UN
PASATIEMPO
Por: Grosso Raúl
MN y Campeón argentino de ajedrez
postal
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Además de juego y
deporte, el ajedrez posee el doble carácter
de ciencia y arte, hecho que lo singulariza
y que lo eleva muy por encima de la categoría
de mero pasatiempo.
En el campo de la ciencia,
existe una amplia concepción entre este
juego y las matemáticas. Ello se pone de
manifiesto sobre todo en los finales y en
cierto tipo de problemas como aquel que
consiste en hacer pasar un caballo por las
64 casillas, sin repetir ninguna. Se lo
conoce como “Problema de Euler”, en
homenaje al matemático suizo que lo estudió
en el siglo XVIII.
En el ámbito artístico se
puede reconocer una cierta semejanza, metafórica
por cierto, entre el ajedrez y la música y
la poesía. El efecto estético que poseen
las combinaciones brillantes, por caso, es
comparado con el goce que emana de un acorde
perfecto o de una rima lograda. Se trata de
la satisfacción del ideal de armonía, que
todo espíritu cultivado encuentra, allí
donde elementos diversos se conjugan en una
unidad superior.
Desde los remotos orígenes del
juego, las piezas de ajedrez han sido objeto
de artesanía y aun de arte. Existen de
marfil, de metales preciosos, de maderas
finas y de otros materiales nobles, labradas
a manos por artistas famosos o anónimos, de
India, de Persia, de la Europa Medieval y de
nuestra época. Entre los nobles europeos,
era común que valiosos juegos de ajedrez
fueran legados en los testamentos, como
prueba de afecto o de gratitud.
Por otra parte, el juego mismo,
a quienes lo practican, han dado tema a
infinidad de obras de arte. Abundan las
referencias al ajedrez en los textos
sagrados de la India; en Persia, hace ya mil
años, el poeta Abul-Qasim Mansur Firdusi
compuso su célebre “Shahnama”, el
“Libro de Rey”, que contiene dos
leyendas sobre la invención del ajedrez; y
así, hasta llegar a novelas modernas, como
“El jugador de ajedrez”, del austríaco
Stefan Zeig.
La naturaleza del juego, así
como también su simbolismo, fueron
frecuentemente utilizados por los moralistas
de todos los tiempos. En la Edad Media se
destaca el “Ludus scacchorum”, del
sacerdote lombardo Jacopo de Cessolis, que
se refiere a las costumbres de los hombres y
a los oficios de los nobles, según reza el
subtítulo de la obra. Se hallan reflexiones
basadas en el ajedrez, en los escritos de
Jean Jacques Rousseau, de Benjamín Franklin
y de muchos otros ilustres pensadores.
Otra derivación del ajedrez en
el arte, muy poco conocida, se dio en 1937,
cuando fue estrenado en París un ballet
titulado “Jaque Mate”. La música
es de Arthur Bliss y la coreografía, de
Ninette de Valois. Los diversos cuadros
representan una partida entre el Amor y la
Muerte, y otra entre la Dama Negra y el Rey
Rojo, ambas con un desenlace trágico, como
lo sugiere ya el título del “ballet”.
El cine, el teatro, la
literatura y, sobre todo, la pintura, han
recurrido muchas veces al ajedrez, ya sea
como tema central o episódico, literal o
alegórico. De ello hablaremos en nuestras
próximas notas, comenzando con quienes se
han destacado en ambos terrenos.
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